jueves, 30 de octubre de 2008

Control Z

¿A nadie le ha pasado que cuando metes la pata en algo, te dices mentalmente: “Control Z, Control Z!”, esperando que la cosa se deshaga? A mi sí, y es preocupante, la verdad. Eso significa que paso demasiadas horas delante del ordenador. Pero ¿no sería fantástico que las cosas se pudieran corregir así? Por ejemplo cuando hablas mal de alguien y al rato descubres que va andando detrás de ti. O cuando te cabreas con el jefe y le explicas lo capullo que es. O todavía peor, cuando intentas ligar con alguien utilizando la típica frase: “¿estudias o trabajas?”. Todas estas situaciones comprometidas y patéticas quedarían olvidadas, flotando en un limbo de ceros y unos, solo con pensar: “Control Z”. ¡Qué maravilla! ¡viva la informática!

Pero no nos quedemos ahí, hay otros comandos del ordenador que también podemos aplicar a la vida cotidiana. Para ilustrarlo, voy a poner un ejemplo verídico: Hace años asistí a una conferencia en la Filmoteca de Madrid, en la que uno de los ponentes se quedaba colgado, (literalmente), el hombre sólo lograba decir dos palabras entre múltiples e interminables: “Eeeeehhhs”. Llegó un momento en el que estuve a punto de levantarme y decir: “¡Control Alt Suprimir!”. No lo hice, porque los seguratas podían pensar que ese “suprimir” era algo relacionado con el terrorismo y sacarme de la sala en volandas mientras yo gritara “¡Finalizar tarea!”. Por cierto que el moderador de la conferencia disculpo al ponente del “Eeehh”, diciendo que acababa de llegar de Barcelona en el puente aéreo; Y yo pensé: ¿Pero qué les hacen en el puente aéreo que los dejan tontos? (Si alguien lo sabe y sus neuronas has sobrevivido para contarlo, que me lo explique, por favor).

Otra utilidad de la informática sería aplicable a cuando los padres tienen hijos que no les gustan: Los padres de George W. Bush, (por poner un ejemplo), nace su hijo, le ven la cara y piensan: “Este niño nos va a traer problemas”. Luego, cuando ven que sus primeras palabra son: “Boomm, boomm” y “War, war”, la cosa queda confirmada. O los padres del Jose Mari Aznar, (por poner otro ejemplo más cercano), que, dejando de lado es susto inicial de ver un bebé con esa cara y ese bigote; después le tienen que escuchan decir cosas como: “Estamos trabajando en ello” o “Ji is mai frien”. En casos así, ¿qué pueden hacer los pobres padres? Pues recurrir a la opción de “Ayuda” y preguntar: “¿Qué hago con mi hijo?” Respuesta: “Trasladar a la papelera”. Luego en la papelera les preguntarán: “¿Seguro que desea eliminar este ítem definitivamente?” Entonces se pulsa la opción “Si” y se acabó el problema.

Volviendo al uso del “Control Z”, seria fantástico, sin duda, pero también tendría sus peligros. Porque imaginad que tu deshaces algo y otro deshace lo que tu acabas de deshacer. Uf, qué lío!, no? Claro, todo el mundo querría deshacer algo, entonces si millones y millones de mentes piensan a la vez “Control Z”, podría crearse un bucle infinito que generase un agujero negro y que acabase por engullir el universo, (igual que el famoso acelerador de partículas). O lo que es peor, la versión católica: Volveríamos a los inicios de los inicios. Entonces Eva se arrepentiría de haber comido la manzana, haría un “Control Z”, y ala!, la civilización a la mierda! Todavía estarían Adan y ella tan tranquilos en el Jardín del Eden, sin descendencia, porque si están en el paraíso ¿para qué quieren hijos?, si sólo dan problemas.

Así que pensándolo bien, igual no ha sido buena idea. También es bueno equivocarse de vez en cuando, no? Si hay algún científico leyendo esto, que no invente ningún acelerador de controls Z, por favor. Eso si, la opción de tirar a la papelera y eliminar definitivamente habría que planteársela, en ciertos casos especiales. ENTER


miércoles, 22 de octubre de 2008

¡No más Clavelitos!

Hay una leyenda urbana en Cataluña, que dice que da mala suerte ir en el coche escuchando a Perales, vamos que pueden pasar cosas como que se te pinche una rueda o que te salgas de la carretera. Sin que sirva de precedente, me gustaría romper una lanza a favor de mi paisano, no porque me guste su música, (Dios me libre!); sino porque tengo años de experiencia viajando en coche, con mi familia, escuchando a Perales y nunca nos pasó nada. (Bueno, sólo algún que otro dolor de cabeza o un sopor repentino irrefrenable). Sin embargo, he de decir, que Perales no era lo peor que nos ponían mis padres, a mi hermano y a mi, cuando hacíamos viajes largos, (que ya es decir). No, lo peor era LA TUNA!

*(Aviso a tunos navegantes: aquí deberíais dejar de leer)

Ya he expresado en este blog mi odio visceral hacia cosas como los musicales y las putas palomas; bueno pues añado una fobia más: mi total aversión a la tuna, sus clavelitos y las cintas de su capa. Qué horror! ¿Cómo es posible que en este siglo de avances tecnológicos y demás, siga existiendo algo tan cutre?
Voy a tratar de explicar lo que es la tuna, por si hay alguien que no lo sabe: La tuna son unos tipos universitarios, (eternos estudiantes ya cuarentones, en su mayoría), que se ponen unas medias negras, unos pantalones bombachos de la época del Tenorio, unas camisas con puntillas y una capa con cintas y escudos multicolores; y salen a la calle, de esta guisa, armados con bandurrias, guitarritas y panderetas, a cantar canciones pasadas de moda (que ya eran antiguas cuando se compusieron), a pobres damas indefensas. Y lo peor de todo es que ellos piensan que así van a ligar! Si, pues como no sea con alguna mujer del siglo XV a. de C. que haya viajado en el tiempo…

Grupo de tunos cuarentones y felices, (respetemos su anonimato):

Pero lejos de desaparecer, las tunas resisten, ancladas en su pasado, y salen las noches de luna llena a rondar jovencitas de este siglo. En lugares como Cuenca, suelen dar el coñazo en el mes de mayo, porque allí es típico cantar Los mayos a las muchachas casaderas, Que digo yo, ¿qué hemos hecho las mujeres para merecer esto? Luego hay ciudades como Santiago de Compostela, donde el fenómeno tunil alcanza sus más altas cimas. Allí, cuando cae la noche los tunos salen al acecho de sus presas, doblas una esquina y te encuentras una tuna cantando el Clavelitos, corres en dirección contraria y te topas con otra tuna cantando Las cintas de mi capa; y así en cada calle. Es una plaga! Si en Barcelona tenemos las palomas, en Santiago tienen las tunas, y no se que será peor.

También es común que estos seres de los de bandurria en asillero, bombacho antiguo, canillas flacas y capa corredora; se reúnan en alguna ciudad y la invadan deleitándose a sí mismos con su moderno repertorio. Llegados a este punto tengo que contar la cosa más surrealista que me ha pasado nunca, (y eso que a mi me suelen pasar cosas muy raras). Sucedió hace unos años en Barcelona, lugar: el Bar del Pi, de la plaza del Pi. Por aquella plaza rondaban unas cuantas tunas que estaban de encuentros en la tercera fase. Entonces, para huir, entré al bar con unos amigos (que lo pueden corroborar) y de pronto aparecen cuatro chicas! finlandesas! vestidas de tunos!; sacan sus guitarras y se ponen a cantar el Clavelitos y demás. Mis amigos, que son muy felices y no son españoles, estaban muy divertidos con el espectáculo. Pero a mi, a pesar de los surrealista de la situación, empezaba a salirme sarpullido. Luego hablamos con las tunas y descubrimos que eran finlandesas, que no sabían español, y que se habían aprendido las canciones fonéticamente! La pregunta es ¿por qué? No tengo una respuesta, pero este acontecimiento me preocupó mucho. Si la tuna ha llegado a Finlandia, ¿qué será lo próximo, Sri Lanka? Es un fenómeno preocupante, ¿estarán planeando invadir el mundo? Ahora que todos los gobiernos andan ocupados con la crisis, hay que tener cuidado, si los tunos se hacen con el poder la cosa puede ser muy chunga. Nos obligarán a todos a vestir como en la época medieval, a decir cosas como: “Vuestra mercé” o “Pardiez.” Y lo peor de todo pondrán de himno mundial el Clavelitos. ¡Nooooooooo!

(Uf!, sólo era una pesadilla, menos mal!)

miércoles, 15 de octubre de 2008

Quien canta, su mal espanta?

Últimamente estoy viendo con gran espanto que las producciones musicales en cine y teatro se multiplican como las cucarachas. ¿Estaremos ante una nueva plaga? No hace falta más que mirar la cartelera para darse cuenta de que esto no es normal, todo el mundo hace musicales. Lo último que he visto es que han hecho un musical sobre Mortadelo y Filemón!, ¿qué cantarán, canciones del Fary? Pero el mayor éxito de la temporada es para Mammna Mia, (tanto en cine como en teatro, que hay que ser pesaos), que es un musical basado en canciones de los Abba! (Aquel grupo sueco de estilismo inclasificable, formado por dos matrimonios, hasta que los dos hombres encontraron juntos su lado femenino; bueno, eso dicen). Dios mío! Si ya eran horteras en su época, ahora…

Quiero proclamar públicamente mi odio visceral a los musicales, no los soporto! Pero mi odio no es injustificado, sino que viene de un trauma infantil. Padezco el síndrome llamado "juliandrewsfobia", muy común entre la gente que quedó traumatizada, en su infancia, con la visión de Sonrrisas y lágrimas, posiblemente la película más cursi de la historia. Pero además hay algo en los musicales que hace rechinar los dientes, ¿por qué personas, aparentemente normales, se ponen a cantar de pronto, sin más? Eso no sucede en la vida real, afortunadamente. No es que diga que el cine o el teatro tienen que ser como la vida misma, pero si son en cierto modo un reflejo de ella. Y la gente no va cantando por ahí, (bueno hay quien canta en la ducha, cosa altamente peligrosa porque te puedes ahogar).
He llegado a la conclusión de que este preocupante fenómeno musical tiene que ver con la crisis, la clave está en el refrán: “quien canta, su mal espanta”. Pero no deberíamos dejarnos engañar por cánticos y lentejuelas, la crisis seguirá ahí, aunque cantemos. Además, en contra de la opinión popular he de decir que los refranes no siempre tiene razón, por ejemplo: “a quien madruga, Dios le ayuda” Qué tremenda estupidez! con lo malo que es eso!

Todo esto nos lleva a otro problema, que es que hoy todo el mundo quiere ser cantante, y se presentan a los castings de operaciones triunfo y demás, aunque metan unos gallos impresionantes. La gente ha perdido la vergüenza y el sentido autocrítico, (bueno ellos y su familia que no se lo dice). ¿Dónde vamos a ir a parar? A ver si al final la vida se va convertir en un musical y cuando vayamos al supermercado las cajeras van a hacer una coreografía de Bollywood antes de cobrarte; tu pareja te va a decir que deja cantando eso de "que lástima pero adiós, me despido de ti y me voy"; o la gente se va a poner a saltar de farola en farola cuando llueva.
¡Tenemos que parar esto antes de que sea demasiado tarde!

¡Por un mundo sin cánticos innecesarios!

martes, 30 de septiembre de 2008

El flequillo de Bono y otros flequillos

Parece que el ilustre presidente del Congreso de los diputados se ha implantado un frondoso flequillo donde antes tenía cuatro pelos mal contaos. Esta es una noticia vieja, ya lo se, pero hoy he visto una foto suya donde posaba, tan feliz, con su nuevo look y con el lápiz óptico de los presupuestos generales del estado; y me ha recordado a tiempos pasados. (Igual que la magdalena de Proust).

¡Qué güeno ejtoy, la hojtia!
Sí, el nuevo flequillo de Bono me recuerda a un farmacéutico de Cuenca, al que llamaban “el del pelo incaó”, aunque parece que el término técnico es “microinjerto capilar”. Sí, y esto me traslada en el tiempo hasta unas tardes en Cuenca, en las que una amiga y yo, para paliar el aburrimiento, hacíamos el tour de los “calvos-no-asumidos”. Esto consistía en ir a la farmacia a comprar una juanolas y ver al del pelo incaó, que llevaba el pelo como si fuera una muñeca de famosa: con grandes extensiones de cabeza entre pelo y pelo. Después íbamos a la óptica Notario, a ver al dueño que era calvo y para disimularlo se pintaba la cabeza de negro, dejando un pico sobre la frente, como si fuera el conde drácula engominaó, y por encima de la pintura se le veía la pelusilla que le quedaba, (vamos, que estaba arrebatador). Aquí no comprábamos nada, sólo preguntábamos tonterías. El reto consistía en no reírse, delante de ellos claro, porque cuando salíamos nos desojonábamos. ¿Que porqué hacíamos esta gilipollez? Pues básicamente porque somos malas personas y además estábamos aburridas. Dejamos de hacerlo cuando empezaron a mirarnos mal, porque no siempre lográbamos el objetivo de no reírnos. Pero bueno, esos son tiempos pasados, ahora somos personas adultas y ya no haríamos esas cosas nunca, (¿verdad Gema?).

El caso es que siempre me ha fascinado el mundo de los “calvos-no-asumidos”, que son esa gente que antes de reconocer que son calvos son capaces de hacer los malabarismos más increíbles. Voy a intentar hacer una clasificación, según los estilos, (dejando aparte los microinjertos y el estilo pictórico inclasificable del Notario):

1.- Estilo Cortinilla: Estos calvos se caracterizan por tener una frente excesivamente amplia, que tratan de disimular dejando crecer mucho el pelo de encima de una oreja, para luego hacerse una raya baja y lanzar todo el pelo sobre la frente amplia hasta tocar la otra oreja. Una variante de este estilo es el de "Cortinilla con flequillo". El principal peligro de esta técnica son las ráfagas de viento no previstas.
2.- Estilo Ensaimada: Este estilo requiere una técnica muy complicada, para aplicarlo con éxito hay que haber estudiando Ingeniería de puertos y canales, como poco. Sus usuarios utilizan sus amplios conocimientos para lograr enroscar la larga melena que les crece desde la nuca por el resto de la cabeza. Tiene dos peligros: el viento y los monstruos come-ensaimadas, que se lanzan voraces sobre los pobres calvos ingenieros.
3.- Estilo Peluquín: Esto es un clásico, el problema es la poca variedad, pues sólo los hay de dos colores: El negro azabache profundo y el color rata de alcantarilla pelirroja. Ambos quedan poco naturales, aunque, curiosamente, sus dueños no son conscientes. Los peligros son: el viento, los movimientos bruscos de cabeza y los cabrones insensibles que se dedican a destapar evidencias.
4.- Estilo Prótesis Gorril: Esta es una variante del peluquín, en la que los individuos calvos, se ponen una gorra que no se quitan jamás, (a veces está implantada); dejando ver por sus lados una lustrosa melena. Esta es una técnica muy hábil, aunque cuando pasan los años y la gorra sigue en el mismo sitio, la gente empieza a sospechar. Si la gorra no está implantada los peligros son los mismos que los del peluquín.
5.- Estilo Modernete: Este estilo es el más actual, consiste en cortarse el pelo bastante corto y peinarse hacia delante, cubriendo así la frente amplia. Pero cuando la frente se amplía demasiado, ya no funciona. Su principal peligro es esa gente a la que le gusta despeinar a los demás para saludarlos.

Lo más sorprendente de todo, es que todos ellos están convencidos de que NO SE NOTA, Pues claro que se nota, y mucho! ¿Es que no tienen familia que lo diga?

Calvos del mundo, asumid vuestra calvicie con dignidad y rapaos el pelo, por favor!

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Todo esto me ha recordado a un capítulo de la serie Seinfield, donde George, el amigo calvo, se pone un peluquín y le consiguen una cita con una mujer fantástica, que resulta ser calva. Entonces él pasa de ella, porque ¿dónde va él con una mujer calva?
Adjunto link de un fragmento del episodio:
http://es.youtube.com/watch?v=3MBk9kbZ3O0

domingo, 21 de septiembre de 2008

¡Qué grande era el cine!

Quiero reivindicar el programa ¡Qué grande es el cine! como mejor programa de humor de todos los tiempos. Sí, sí, el del Garci y sus colegas. Sí, aquel donde el humo no era ficticio, sino provocado por el tabaco de los contertulios. ¡Ah, qué gran programa de humor! ¡Qué juerga! Recuerdo cómo nos reíamos mi hermano y yo cuando nos quedábamos viéndolo hasta tarde, porque acababa muy tarde, de hecho probablemente no acabó nunca en todos los años de emisión, aunque los cámaras cortaban de vez en cuando porque tenían que descansar y desintoxicarse de tanto humo. Pero fijo que el Garci y los otros no salieron del plató hasta que el programa dejó de emitirse. Para los que no sepan de qué hablo, contaré en qué consistía: Era un programa de cine, donde ponían pelis y después las comentaban laaargamente. Las pelis estaban dobladas, porque el Garci decía que así las había visto en su juventud, (que ya le vale). Pero bueno, las pelis eran clásicos, en su mayoría, aunque en los mil años que duró el programa les dio tiempo a ver de todo. Sin embargo, lo mejor era esa tertulia infinita protagonizada por unos tertulianos de lo más genuino. Por un lado estaba el Garci, que era el director y que se suponía que tenía que moderar el debate, pero que se limitaba a charlar con sus colegas, como si estuvieran en el bar. Los contertulios iban cambiando pero siempre dentro de un grupo muy reducido: Miguel Marías, con su pipa, (que era el más coherente). Juan Miguel Lamet, que era especialista en pronunciar mal todos los nombres extranjeros, especialmente el de Hitchcock, al que llamaba “Hicok”. Luego teníamos a Juan Cobos, este era fascinante, porque pusieran la peli que pusieran él hablaba de Orson Welles, con dos cojones! Parece ser que lo conoció y dice que fueron amigos, y claro eso lo trastornó hasta el punto que cuando te lo encontrabas en la Filmoteca siempre dejaba un asiento libre a su lado, para Orson, su amigo invisible. Estos eran los clásicos, pero con los años fueron haciendo nuevas incorporaciones como Juan Manuel de Prada, que no se si tenía idea de cine, pero estaba ahí, porque opinar es gratis. También trataron de ser políticamente correctos e invitaron a varias mujeres, aunque pasaban un poco de ellas. El ambiente del plató era como una noche de niebla espesa en Londres, como todos fumaban compulsivamente, había momentos en que sólo los distinguías por la voz. Los comentarios eran de lo más variado: comentarios técnicos incomprensibles, citas cinéfilas, asociaciones de ideas inverosímiles y anécdotas personales variadas, (sobre todo de Orson, claro). Me acuerdo de un día que se pasaron todo el tiempo hablando de los símbolos fálicos que aparecían en la película, (no recuerdo cual), que si el protagonista lleva bastón, que si mira esa sombra alargada,… (tenía que haberlo grabado). ¡Ah, qué tiempos aquellos! Noche de niebla y sombras alargadas en el plató: Propongo que recojamos firmas para que lo vuelvan a poner. Claro que tendría que adaptarse a los nuevos tiempos. Por ejemplo, ahora está prohibido fumar en el trabajo, entonces, para evitar que al Garci le de un patatús, habría que llenarlo de parches de nicotina; también podrían fumar estas pipas de mentol que venden en las farmacias o comer cigarrillos de chocolate. Y para conservar el ambiente londinense podrían poner inciensos por toda la mesa, (seguro que alguno se los acabaría fumando). También estaría muy bien que al lado de Juan Cobos hubiese un holograma de Orson Welles, que asintiese cada vez que él le preguntara: “¿Te acuerdas Orson?”. También habría que actualizar los rótulos con sus nombres y añadirles un comentario jocoso: “José Luís Garci: ¿Ah, es que hay alguien más a quien seleccionar para ir a los Oscar?” “Miguel Marías: Esto no es una pipa y yo no estoy fumando” “Juan Miguel Lamet: Hablo inglés mejor que Hicok y Jon Baine” “Juan Cobos: El mejor amigo de Orson” También habría que cambiar el título, yo propongo: “¡Qué grandes somos nosotros! y el cine también, claro, ¿por qué no?” Se admiten sugerencias. ¿Qué, alguien se une a la iniciativa? ¡¡¡Qué vuelvan el Garci y sus secuaces, please!!!!

sábado, 23 de agosto de 2008

¿Existe Agosto?

No se quien decidió poner el mes de agosto en los calendarios, pero desde luego, perdió el tiempo. Agosto es el mes más tonto del año, tan tonto que, para muchos, ni siquiera existe, al menos en este país tan absurdo que tenemos. Porque ¿qué hace la gente en agosto? La mayoría salen de vacaciones a alguna playa horrible de Levante, y los que no salen, se quedan en ciudades vacías donde todo está cerrado, porque es agosto! En mi barrio está cerrada hasta la panadería del Kevin, ¿es que nadie come pan en agosto? Y las tiendas que no cierran están bajo mínimos, como si fuese la guerra. Hay otras que están bajo mínimos de personal, como el Schlecker, donde sólo hay una persona y nunca está en la caja. Entonces, después de esperar media hora a que te cobren, decides irte. Antes te planteas hacer un “simpa”, pero luego piensas que irte sin pagar cuatro rollos de papel higiénico y un Mimosín, es demasiado penoso, incluso para planteárselo.

Sí, la gente trabaja relajada en agosto. Recuerdo cuando trabajaba, hace unos años, en Cibernos, (juro que se llama así), una empresa “chapada a la antigua” de Madrid, donde los ejecutivos vestían siempre traje y corbata. Siempre, menos en agosto, que venían a trabajar con un polo rosa y unos pantalones de “sport”, (concepto que no acabo de entender). ¿Por qué? El trabajo era el mismo, recibían a los mismos clientes y el aire acondicionado estaba a tope. La única explicación es que agosto no existe para ellos, porque cuando llegaba el 1 de septiembre volvían a su traje.

Y qué decir de la "oferta cultural" de las ciudades, en el cine sólo hay películas para niños y gilipolleces de adolescentes (y no adolescentes) americanos. El resto de las actividades “culturales” están dirigidas a esos guiris que piensan que toda España es “lolailo”. También, en Agosto es cuando se concentra el mayor número fiestas cutres de barrios y pueblos de todo el año, con sus típicas orquestas pachangueras, etc, etc… (uff!) En fín, eso es agosto, todo un cúmulo de cosas absurdas que suceden en ciudades fantasmales, a 40 grados a la sombra.

Pero el agosto de la ciudad es muy distinto al de la playa, pues allí es donde se concentra casi toda la población. El mismo día 1 la gente se lanza a la carretera como loca, enfrentándose a horas de retenciones kilométricas, para llegar los primeros a una playa apestada de gente y encontrar un lugar en primera línea para clavar su bonita sombrilla de flores. Allí se someterán, día tras día, a unos largos baños de sol, arena y sal. Disfrutarán, día tras día, de una relajante comida en un chiringuito, rodeados de madrileños pesados, niños gritones y guiris chamuscaos; donde saborearán unos fantásticos pescaitos fritos con demasiado aceite y unas cuantas paellas requemadas. (Las vacaciones ideales, vamos).

Otra cosa muy curiosa es la “actitud playera” de esta gente, que consiste, básicamente, en pasar de todo y repetir la frase: “¡Qué mas da, si aquí no nos conoce nadie!” Así, por un lado tenemos a las típicas marujonas, a las que llamaremos para abreviar Puris, que son aquellas que en sus ciudades de origen nunca saldrían a la calle sin cuatro capas de maquillaje, que van cada semana a cardarse el pelo a la peluquería y que jamás llevarían un bolso que no combine con los zapatos. Bien, pues en la playa, van de cualquier manera, con unas batas de estampados horrorosos, unas chancletas chillonas, un pelo tieso cimentado con una mezcla de sal, arena y algas; y lo peor de todo, sin una gota de maquillaje, Ahhh, Horror! Claro, luego se encuentran con otras Puris de su ciudad, y ni se conocen. Y qué decir de sus maridos, los manolos, (es un genérico, no me refiero al grupo lolailo, ese tan bueno). Los manolos disfrutan como niños en las playas, o mejor dicho en los chiringuitos de las playas, donde beben y comen como si todo el año hubiesen estado a dieta esperando ese momento. Los manolos se caracterizan por exhibir unas redondas panzas embutidas en unas ropas estrechas, que tenían olvidadas al fondo del armario, como el chándal del instituto, (que ya les quedaba mal en el instituto), unas bermudas de colores imposibles o esas camisetas de propaganda de la carnicería de su barrio, talla M. Esos, son los mismos tipos, que cuando vuelven a sus ciudades se transforman en los ejecutivos trajeaos de Cibernos, o empresas similares, que van con su maletín y su móvil último modelo, (con el politono de moda), a comer un BigMac al MacDonald que está al lado del curro.

Pero las Puris y los Manolos no van solos a las playas, sino que se llevan puestos a los hijos, que a veces tiene nombres ridículos, los pobres. Es habitual escuchar a una Puri gritarle al niño: “¡Kevin Costner de Jesús, no te metas al agua que se te corta la digestión del bocata de mortadela!” Y entonces el niño se pone a jugar con la arena y a dar el coñazo a todos los que estén a su alededor; especialmente a los guiris, que como se están haciendo a la plancha, vuelta y vuelta, ya ni sienten, ni padecen. Mención aparte merecen los adolescentes, que se dedican a ponerse morenos sin protección, salir de noche a bailar la canción del verano y, si es posible, tirarse a la primera persona que establezca contacto visual, también sin protección. (Bueno, aunque estos son así todo el año). Y ¿Por qué alguien, aparentemente normal (?), podría querer pasar sus vacaciones rodeado de Puris, Manolos, Kevin Costners de Jesús, guiris chamuscaos, adolescentes salidos, medusas y olor a fritanga? La razón es muy sencilla, porque piensan que nadie les conoce, que la brisa del mar borrará los recuerdos de los posibles testigos y que, en definitiva, agosto no existe.

Los que hemos tenido la mala suerte de nacer en agosto, sabemos que es no es así, entre otras cosas porque si no, nosotros tampoco existiríamos. Agosto es un mal mes para nacer. No me gusta agosto!, hace calor y la gente se comporta de forma absurda, pero estoy segura de que existe más allá de los calendarios. Así que cuidadín con lo que hacemos Puris, Manolos y programadores culturales! Porque… ¡AGOSTO TAMBIÉN EXISTE!, (coño!)


miércoles, 6 de agosto de 2008

Casa para el verano

Cambio casa en Barcelona con bonitas vistas al mar, simpáticos animales de compañía voladores en el tejado y agradable clima tropical; por casa en Islandia con vistas a algún glaciar, pingüinos en el jardín y clima nórdico.

Es urgente, comienzo a derretirme.